La histórica fabricante de neumáticos, con más de 80 años de trayectoria, despide a todos sus trabajadores en la planta de San Fernando. La empresa argumentó que el mercado es inviable por la apertura de importaciones, mientras que el gremio denuncia un «acto desleal» y responsabiliza al Gobierno.
El cierre definitivo de la planta industrial de FATE ha generado una onda expansiva en un clima de cierres industriales. Con la desvinculación de 920 empleados, la histórica compañía de la familia Madanes Quintanilla pone fin a más de 80 años de producción nacional, argumentando un «escenario inviable». En un hecho que marca un récord de despidos para el sector industrial, la empresa FATE S.A.I.C.I. confirmó este miércoles el cierre total de su planta ubicada en la localidad de Virreyes (San Fernando). La decisión implica el cese inmediato de la producción y deja en la calle a 920 trabajadores, quienes se enteraron de la noticia al llegar a cumplir su jornada laboral y encontrar un cartel impreso en la puerta de la fábrica.
Los motivos de la empresa: «Escenario inviable»
La compañía, propiedad de la familia Madanes Quintanilla, argumentó que los cambios en las condiciones del mercado volvieron imposible la continuidad operativa. Según el Directorio de la firma, los factores determinantes fueron la caída de la demanda interna, el deterioro del contexto productivo y, fundamentalmente, la competencia de neumáticos importados (principalmente de China) a precios considerablemente más bajos.

Allegados a la firma señalaron que la planta venía operando apenas al 30% de su capacidad. En comunicaciones anteriores, Fate había denunciado una «brecha de competitividad insalvable» debido a la sobrecarga impositiva, los altos costos logísticos y la elevada conflictividad gremial. «Se liquida todo y se baja la persiana», precisó una fuente cercana a la empresa, asegurando que se pagarán todas las indemnizaciones conforme a la ley.
Tensión y conflicto sindical
La noticia desató un clima de fuerte tensión en los accesos a la planta, donde se desplegó un importante operativo policial con presencia de Infantería. Desde el Sindicato Único de Trabajadores del Neumático Argentino (SUTNA), calificaron la medida como un «acto desleal y antisindical».
Desde el corazón de la protesta en la planta de Virreyes, el secretario general del SUTNA, Alejandro Crespo, lanzó duras críticas contra la patronal y el Gobierno nacional. El dirigente, quien fue detenido durante los incidentes en la fábrica, sostuvo que el cierre es una maniobra para evadir compromisos previos. «Estamos reclamando la apertura porque de golpe y de forma totalmente ilegal acaba de cerrar las puertas con un cartel una fábrica emblemática», sentenció Crespo. El líder sindical amplió sus denuncias destacando que la empresa rompió una cláusula de «no despidos» que estaba firmada y vigente hasta el 30 de junio. «Nos encontramos hoy con un cartel dejando a todos los trabajadores operarios y tercerizados en la calle», denunció.

Para el SUTNA, el principal responsable es el Gobierno por la «apertura indiscriminada de importaciones». Según el gremio, en mayo entraron más de 860.000 cubiertas del exterior (récord en dos décadas) sin los controles necesarios.
Miguel Ricciardulli, otro integrante de la cúpula del sindicato, reforzó esta postura al señalar que la producción cayó de 350 mil a 150 mil neumáticos mensuales en el último período debido a estas políticas. «No tiene sentido que una planta de esta magnitud cierre de esta manera», afirmó, calificando la decisión como un «acto antisindical» que aprovecha el marco de la reciente reforma laboral para golpear a los trabajadores.
Un final tras ocho décadas de historia
Fundada en 1940, Fate fue la única fábrica de capitales argentinos dedicada a la producción de neumáticos radiales y una de las principales exportadoras del sector a mercados como Estados Unidos y Europa. Sin embargo, el proceso de deterioro no es nuevo: la firma ya había aplicado recortes de personal en 2019 y solicitado un Procedimiento Preventivo de Crisis en 2024 ante la fuerte retracción de sus ventas.
El impacto social del cierre es profundo en la zona norte del Gran Buenos Aires, ya que la fábrica era considerada el «corazón de San Fernando». Un grupo de operarios permanece dentro de las instalaciones reclamando la reapertura, mientras el sector industrial observa con preocupación si este cierre definitivo funcionará como un efecto dominó sobre otras plantas del país.






