El mercado laboral argentino al cierre del tercer trimestre de 2025 presenta una fisonomía contradictoria que los analistas definen como una “ilusoria mejora”. Si bien los números fríos del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP) muestran que la desocupación descendió al 6,6% respecto al trimestre anterior, un análisis profundo de la prosa estadística revela que este alivio es solo superficial y esconde un deterioro estructural sin precedentes.
El refugio en el «rebusque» es una de las claves para entender la “baja” en el desempleo mientras la sensación de crisis persiste, ya que radica en la calidad de la ocupación generada. Según el informe, el crecimiento del empleo en el último año se explica exclusivamente por un cambio regresivo en la estructura ocupacional, donde las «changas» y el autoempleo de subsistencia han desplazado al trabajo con derechos. El cuentapropismo ha escalado hasta representar el 24,5% del total de ocupados, su nivel más alto exceptuando el periodo de pandemia.
Este fenómeno no es gratuito para el bolsillo del trabajador. La categoría que motoriza la «mejora» de las tasas —el cuentapropismo informal— es, paradójicamente, la que percibe los ingresos más bajos de la economía, situándose un 54% por debajo de la media general. Esto explica por qué, aunque haya más gente con «algo para hacer», la tasa de pobreza entre estos trabajadores triplica a la de los asalariados formales.
Un modelo económico de «baja intensidad» laboral
El informe vincula esta degradación con un modelo económico descrito como «expulsivo». El crecimiento del PBI del 2,1% registrado en el período no se tradujo en empleos de calidad porque se apoya en sectores como la intermediación financiera y la minería, que tienen un bajo efecto multiplicador en la creación de puestos asalariados. Mientras tanto, los motores tradicionales del empleo registrado, como la industria y la construcción, continúan en franca retirada.
Otro dato alarmante es el aumento de la tasa de actividad, que trepó al 48,6%. Este incremento no refleja un optimismo por encontrar mejores oportunidades, sino el deterioro de los ingresos familiares que obliga a más miembros del hogar —especialmente jóvenes y mujeres— a salir a buscar cualquier tipo de ingreso para subsistir. Bajo la gestión de Javier Milei, la presión total sobre el mercado de trabajo (que incluye a desocupados y a ocupados que necesitan trabajar más horas) ha escalado al 28,7%. En términos concretos, hay 430.000 personas más buscando empleo activamente que en el tercer trimestre de 2023.

Radiografía de dos años de gestión
Al cumplirse el segundo año de la actual administración, el balance arroja un saldo de 199.000 nuevos desocupados en comparación con 2023. La informalidad total, que abarca tanto a asalariados no registrados como a trabajadores por cuenta propia vulnerables, alcanzó un pico del 43,3%, la cifra más alta de la serie estadística disponible.
En definitiva, la fotografía del mercado laboral actual muestra una Argentina donde el desempleo abierto se mantiene contenido, pero a costa de una precarización sistémica. El mercado de trabajo se ha convertido en una red de contención de baja calidad, donde el empleo formal cede terreno frente a una informalidad que ya alcanza a más de la mitad de los ocupados si se suma el autoempleo.

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