Durante seis meses el Hospital Garrahan fue uno de los epicentros más tensos del mapa laboral argentino. Ese pulso, que se sostuvo desde mayo, acaba de traducirse en un resultado inédito: un 61% de aumento sobre el básico, con retroactivo a octubre. Un logro de la lucha que no solo da respiro a un presente salarial agobiante, sino que deja planteado un precedente que perfora el “techo paritario” en una lucha histórica que tuvo alcance nacional.
Pero detrás de la cifra, hay un proceso político-sindical concreto, de trabajadoras y trabajadores autoconvocados y gremios como ATE y APyT: que desarrollaron asambleas, huelgas, turnos que se sostuvieron aun con extenuación, y un tejido interno que se fue consolidando con paciencia y mucha organización.
Uno de los protagonistas de esa trama diaria, Pedro Núñez es médico pediatra emergentólogo, asistente del área de Emergencias del Garrahan y referente del movimiento de trabajadores autoconvocados.
A.S: ¿Lo consideran un triunfo?
Pedro: “Lo vemos como un triunfo de la lucha, de una lucha que viene hace años pero que se profundizó en los últimos meses (…) se logró armar a los distintos sectores del Hospital en un mismo frente, sostener la lucha en el tiempo, darle distintos vectores: asambleas y paros, visibilización mediática y estrategia legislativa con la Ley de Emergencia Pediátrica”.
Núñez lo sintetiza en una frase: “organizarnos hacia adentro para poder llegar hacia afuera”.
El aumento del 61% no solo es significativo por su magnitud, sino por el contexto en el que se da. Si bien el incremento fue del 61% sobre la asignación básica, Nuñez aclaró que, en promedio, el impacto real será de un 30% a un 40% en el salario de bolsillo del trabajador, lo cual, en el presente argentino, constituye «un hito».


Organizar la lucha con inteligencia
El camino hacia este logro se extendió por meses e incluyó huelgas, movilizaciones, asambleas que contaron con un enorme apoyo popular, y que pusieron en jaque al ajuste del gobierno de Javier Milei y a la salud pública en el centro de la agenda nacional.
A.S: ¿Cuál es balance hacen?
Pedro: “el balance es, sin dudas, positivo. La lección principal, tanto puertas adentro como puertas afuera del hospital, es que la lucha sirve, pero hay que hacerla con organización e inteligencia. El éxito se basó en una estrategia multifacética y sostenida en el tiempo, y adaptada a la actualidad, con estrategias aggiornadas además de las tradicionales”
La conquista salarial convive con marcas subjetivas propias del desgaste de 6 meses de lucha en un Hospital, esto adquiere mayor relevancia cuando se trata del centro de referencia nacional de pediatría de alta complejidad, y uno de los más destacados de Latinoamérica por sus indicadores. En la institución trabajan más de 4.200 personas y, al año, se realizan más de 610.000 consultas, 12.000 cirugías y 120 trasplantes. Lo salarial y lo vocacional se entrecruza en una realidad que demanda soluciones, Según el entrevistado, un saldo preocupante del proceso de lucha es que “hay compañeros con depresión, pluriempleo por no llegar a fin de mes, con mucho desgaste, cansancio. Pero el balance es positivo porque se logró el objetivo y porque nos organizamos puertas adentro y supimos contarlo con claridad hacia la sociedad”.
Lo que falta
A.S:¿qué cosas quedan por delante para el funcionamiento del hospital?
Pedro: “Nosotros nos pusimos a la cabeza por atender el reclamo salarial, para detener la sangría de profesionales que se iban del Hospital que, durante estos años de desfinanciamiento, por supuesto, se ha deteriorado las condiciones de trabajo que tienen que ver con lo salarial fundamentalmente, ha habido cargos no reemplazados por jubilaciones.”
El triunfo no clausura la agenda. “El tema de los descuentos preocupa mucho, es un tema pendiente”, señala Pedro. Y hay un horizonte mayor: “las condiciones para que el hospital funcione plenamente”: infraestructura deteriorada, ingresos demorados, áreas recortadas en nombre de la austeridad, pérdida de funciones académicas y de investigación, el helipuerto inoperable que obliga a aterrizar en un parque aledaño.
La victoria en el Garrahan es salarial. Pero es también una victoria social, porque jerarquiza a la salud pública de calidad. Es la comprobación de que cuando una base se organiza de verdad, puede forzar los límites del campo paritario nacional.
Ahí donde llegan los pacientes más urgentes, también se gestó la urgencia de pelear por el propio derecho a poder seguir trabajando. Y ese pulso, esta vez, ganó.






