Tras el bombardeo a la ciudad de Caracas y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa el pasado 3 de enero de 2026, las principales centrales obreras de Argentina —CGT, CTA-T y CTA-A— junto a un amplio espectro de organizaciones sociales y de derechos humanos, han manifestado un «más enérgico rechazo» y una «profunda preocupación» ante lo que califican como una violación flagrante del derecho internacional.
La CGT: «Ningún Estado tiene legitimidad para intervenir»
La Confederación General del Trabajo (CGT) condenó la incursión militar estadounidense, definiéndola como una «intromisión indebida» que vulnera los principios de autodeterminación y soberanía consagrados en la Carta de las Naciones Unidas. En un comunicado oficial, la central obrera subrayó que estas prácticas «profundan los conflictos, erosionan la convivencia pacífica y ponen en riesgo la estabilidad regional».
Bajo la consigna «No hay justicia social sin soberanía», la CGT hizo un llamado urgente a la comunidad internacional para privilegiar el diálogo y la negociación, rechazando cualquier acción unilateral que promueva el uso de la fuerza.

Las CTA y la movilización popular
Por su parte, la Central de Trabajadores y Trabajadoras de la Argentina (CTA-T) y la Central de los Trabajadores Autónoma (CTA-A) denunciaron que el ataque tiene como objetivo real «desestabilizar el hermano país, robar su petróleo y arrancar la soberanía del país y de su pueblo». Las organizaciones alertaron que este evento representa un retorno a la «nefasta época de la Doctrina Monroe», donde la potencia del Norte se arroga la potestad de imponer «gobiernos títeres».
De la Conferencia de prensa previa a la movilización participaron las dos CTA, junto al Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, y la presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Taty Almeida, junto a un amplio arco de organizaciones sindicales, sociales y políticas, entre las que resaltaron las del Movimiento Derecho al Futuro, la CCC y el Frente de Izquierda, y también estuvieron presentes diputados nacionales como Myriam Bregman y Juan Marino.
El secretario general de la Central de Trabajadores de la Argentina y diputado nacional, Hugo Yasky, agregó: “Hoy convocamos con un espíritu más amplio y se inicia un plan de acción, tal cual lo señaló el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, tenemos que construir en América Latina una respuesta que unifique a todos nuestros pueblos”.



El 5 de enero, una masiva movilización multisectorial marchó hacia la embajada de Estados Unidos en Buenos Aires. Durante el acto, Hugo “Cachorro” Godoy, Secretario General de la CTA, declaró: “Venimos a decir no a la agresión militar de EEUU sobre Venezuela… Vamos a defender a América Latina y El Caribe como territorio de paz”. Asimismo, Oscar “Colo” De Isasi enfatizó que el trasfondo de la invasión es el «saqueo de la principal reserva de petróleo que hay en el mundo».
Por su parte, el Secretario General de la CTA Capital, Pablo Spataro, dijo: “Desde nuestra CTA Capital, junto a organizaciones hermanas, estamos frente a la embajada de EEUU en Buenos Aires manifestando y marchando contra la injerencia de yanki en América Latina y Venezuela, y exigimos la libertad de Nicolás Maduro y su esposa”.

Documento conjunto y exigencias
En un documento elaborado en conjunto por organizaciones sociales, sindicales, políticas y estudiantiles, se denunció la «complicidad del gobierno nacional argentino», al cual acusaron de celebrar la invasión en lugar de defender los principios del derecho internacional. El texto conjunto establece cuatro exigencias fundamentales:
- Retiro inmediato e incondicional de las fuerzas armadas de EE. UU. del Caribe.
- Liberación inmediata y segura del presidente Nicolás Maduro y de su esposa.
- Cese de las amenazas contra otros gobiernos de la región como México, Colombia, Cuba, Brasil y Nicaragua.
- Intervención de organismos internacionales para instar a EE. UU. a reconsiderar sus «acciones criminales».
El documento finaliza con un llamado a la unidad de todos los sectores para construir la paz en la «Casa Común», advirtiendo que, en un escenario de escalada bélica que podría derivar en un conflicto nuclear, «la neutralidad no es una opción».






