La histórica fábrica cordobesa de suelas, con más de 30 años de trayectoria, cesó sus actividades tras meses de agonía financiera. Los trabajadores denuncian deudas salariales, vaciamiento y promesas incumplidas por parte de la patronal.
El tradicional barrio de San Vicente se encuentra conmocionado tras confirmarse el cierre definitivo de Gomas Gaspar, una planta emblemática dedicada a la producción de suelas y bases para calzado. La decisión, oficializada esta semana, ha dejado sin empleo a 40 trabajadores, quienes hoy se encuentran en una situación de total incertidumbre y reclaman el pago de haberes atrasados, aguinaldos e indemnizaciones.
Una crisis terminal
Gomas Gaspar no era una empresa más en el entramado industrial cordobés; durante tres décadas fue un proveedor de referencia para marcas nacionales, fabricando componentes para calzado urbano, deportivo y de vestir. Sin embargo, el deterioro económico comenzó a profundizarse a mediados del año pasado.
Según testimonios de operarios y representantes gremiales, el cierre es el resultado de una «tormenta perfecta»: la caída estrepitosa del consumo interno, los altos costos operativos —que llegaron al punto de impedir el pago del servicio eléctrico— y la creciente competencia de productos importados. Esta situación se enmarca en una crisis generalizada del sector que ya ha afectado a otras firmas de renombre como John Foos y el Grupo Dass.
Denuncias de vaciamiento y trabajo «en negro»
El conflicto escaló cuando la empresa incumplió el pago del aguinaldo en diciembre de 2025. Arturo Pitkard, delegado regional del Sindicato Obrero del Caucho, denunció que la patronal, encabezada por el ingeniero químico Rodolfo Polero, implementó una estrategia de despidos escalonados tras otorgar vacaciones forzosas.
«El dueño desapareció, dejó solos a sus empleados», afirmó Pitkard, quien además alertó sobre una maniobra irregular: tras enviar los telegramas de despido, se les habría pedido a los trabajadores con mayor antigüedad que regresaran a trabajar «en negro» bajo promesas de pago que nunca se materializaron. Actualmente, la fábrica se encuentra en concurso de acreedores y, según el gremio, está siendo desmantelada.
El drama humano detrás de las máquinas
Más allá de las cifras macroeconómicas, el cierre tiene un rostro humano devastador. Trabajadores con décadas de servicio se encuentran hoy realizando «changas» para subsistir. Fabián Córdoba, con 18 años de antigüedad, relató la angustia de no poder costear los $250.000 mensuales en medicamentos que requiere su esposa, quien padece problemas de movilidad. Carlos, otro operario con 13 años en la firma y padre de tres hijos —con uno más en camino—, lamentó el abandono de una patronal que «dejó a los operarios librados a su suerte».
A día de hoy, las persianas de la planta en San Vicente permanecen bajas y nadie atiende los reclamos en la empresa. Las 40 familias afectadas exigen una respuesta urgente ante lo que consideran un golpe letal al trabajo local.





