El mercado de trabajo en Argentina atraviesa uno de sus momentos más críticos de las últimas décadas, caracterizado por una combinación de caída sostenida del empleo formal, una informalidad estructural que no cede y una pulverización del poder adquisitivo que sitúa al salario mínimo en niveles inferiores a los de la crisis de la convertibilidad. Según los últimos informes del Área de Empleo, Distribución e Instituciones Laborales (EDIL) del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la UBA y el CONICET, la dinámica laboral actual refleja un deterioro que ya acumula ocho meses de retroceso consecutivo.
El desplome del empleo registrado: ocho meses en rojo
A finales de 2025, el panorama del empleo asalariado formal mostraba señales de alarma. En diciembre de ese año, se contabilizaron aproximadamente 10 millones de trabajadores registrados, una cifra que retrotrae al mercado laboral a niveles de junio de 2022. Esta situación es el resultado de una fase contractiva que se profundizó desde mayo de 2025, acumulando una pérdida de 109 mil puestos de trabajo en un año (-1,1%) y de 289 mil empleos (-2,8%) si se compara con noviembre de 2023.

El sector privado ha sido el más afectado, con una caída de 92 mil puestos interanuales. Sectores clave como la Industria y el Comercio lideraron la destrucción de empleo, con la Industria perdiendo cerca de 70 mil puestos en poco más de dos años. Curiosamente, esta dinámica se dio en un contexto de crecimiento del PIB concentrado en sectores de baja intensidad laboral, lo que impidió que la actividad económica se tradujera en nuevos puestos de trabajo.

Geográficamente, el impacto fue desigual pero extendido: 14 provincias registraron bajas, con San Luis, Chaco y Catamarca a la cabeza de las caídas porcentuales. No obstante, por su peso demográfico, Buenos Aires y Córdoba explicaron el 75% de la variación negativa total del empleo formal privado.

Salarios: la sombra de 2001 e informalidad
Uno de los datos más contundentes del informe de la UBA es la caída del 38% en el Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM) real entre noviembre de 2023 y febrero de 2026. Este desplome sitúa al ingreso mínimo por debajo de los valores registrados antes del colapso de 2001 y representa apenas un tercio del valor máximo alcanzado en 2011.
La situación salarial presenta brechas marcadas:
- Sector Público: Los salarios reales en este sector sufrieron una contracción del 17,9% respecto a noviembre de 2023, con una recuperación mucho más débil que en el sector privado.
- Sector Privado: Aunque las remuneraciones promedio en este sector mostraron una recuperación del 2,8% respecto a noviembre de 2023, el poder de compra comenzó a caer nuevamente desde septiembre de 2025.
La trampa de la informalidad y la pobreza laboral
La informalidad laboral se mantiene como un fenómeno estructural masivo: 43% de los trabajadores en Argentina son informales, lo que significa que 4 de cada 10 ocupados no tienen cobertura legal ni de seguridad social. Este fenómeno se ensaña particularmente con los sectores más vulnerables:
- Jóvenes: El 67,4% de los trabajadores de entre 16 y 24 años se desempeña en la informalidad.
- Bajo nivel educativo: Quienes no completaron el secundario tienen una tasa de informalidad del 67,5%, una probabilidad cuatro veces mayor que los universitarios.
- Microempresas: Los establecimientos de hasta 5 trabajadores concentran más del 75% de la informalidad total, con una tasa de incidencia del 68,2%.
Este escenario ha consolidado el fenómeno del «trabajador pobre»: tener un empleo ya no garantiza estar por encima de la línea de pobreza. En el tercer trimestre de 2025, el 31,6% de los trabajadores informales vivía en hogares pobres, frente al 9,1% de los formales.



El debate metodológico sobre la pobreza
El informe también introduce una mirada crítica sobre las cifras oficiales de pobreza del INDEC (28,2% en el segundo semestre de 2025). Se señala que la metodología actual, basada en una Canasta Básica Total (CBT) con datos de consumo de 2004/2005, subestima el costo de vida actual al no reflejar adecuadamente gastos en servicios públicos e internet. Si se utilizara una metodología más reciente, el umbral de ingresos debería ser significativamente más alto, lo que elevaría el porcentaje de personas en situación de pobreza. Además, se advierte que la inclusión de transferencias como la AUH y Tarjeta Alimentar en el cálculo de ingresos familiares, si bien válida, contribuye a una «mejora estadística» que no necesariamente refleja un cambio en las condiciones de vida estructurales.
En conclusión, los datos de la UBA y el IIEP-EDIL describen un mercado laboral fragmentado y en contracción, donde el ajuste económico ha golpeado con mayor fuerza a los ingresos básicos y a la estabilidad del empleo registrado, dejando a una gran parte de la población trabajadora en una situación de vulnerabilidad extrema.
Informes del Instituto Interdisciplinario de
Economía Política (IIEP) de la UBA





